Los arquetipos masculinos del tarot

Arquetipos masculinos del tarot

Los arquetipos masculinos del tarot corresponden a figuras representadas por las conductas de la sociedad,  aquellas que se repiten en diferentes culturas y épocas. En concreto, son patrones que el mundo reconoce porque cuentan con características definidas.

También se conocen como comportamientos típicos que determinan la forma de actuar de los hombres. Un claro ejemplo es, cuando de forma general, se refiere a la figura masculina por patrones generales, como el machismo, la infidelidad y otros arquetipos universales. En el tarot, pueden representar las decisiones y la valentía. En el lado negativo, se caracterizan por ser figuras autoritarias.

El papel de los arquetipos masculinos en el tarot

Para entender mejor los arquetipos masculinos del tarot, será necesario conocer la definición de un arquetipo. Se trata de modelos o ejemplos, ya sea de conocimientos, conductas o ideas, que sirven para forjar los pensamientos  y conductas de los individuos. Puede ser en conjunto, de forma individual o en la sociedad.  Es la unión de ideales que determinan una conducta regular, con paradigmas propios. Pueden servir de guía para abrir caminos.

Los arquetipos masculinos del tarot están representados por las figuras de cada carta. Por ejemplo, El Loco, aquel niño ingenuo; o el hombre en su edad madura, El Mundo. Cada uno de ellos, determina el pasado, presente o futuro del consultante. Además, determina su carácter y forma de actuar frente a las situaciones que se presenten.

Algunos expertos tienen diferentes concepciones en cuanto a la identificación de estas cartas. Sin embargo, los arquetipos masculinos más conocidos del tarot son:

El Loco

Esta figura se encuentra en la primera carta. Representa a un hombre que ansía la libertad. La madurez no es su virtud principal, ya que suele vivir cada día sin preocuparse por el mañana o las personas que lo rodean.

De manera general, El Loco es la representación más cercana al ser humano, no es una figura exclusiva de los hombres, solo se relaciona con las personas apasionadas por los viajes, la adrenalina, el aprendizaje y la aventura.

El Mago

Es uno de los arquetipos masculinos que más se relaciona con la sabiduría, la creación y la astucia. Se trata de aquel hombre maduro, que se centra en desarrollar sus virtudes para crear oportunidades y destacar dentro de un grupo selecto.  Aquellas figuras masculinas que son vendedores natos encajan muy bien dentro de este arquetipo, ya que usan su creatividad para crear la necesidad en los compradores.

Sin embargo, viéndolo desde el lado negativo, El Mago puede usar su capacidad de convencimiento para engañar y realizar estafas. Es probable que si no controla sus virtudes, el poder lo domine y quiera dominar todo.

El Emperador

Este arquetipo se asemeja a los hombres que suelen ser protectores, sin dejar a un lado su figura autoritaria. Se relaciona con todas aquellas figuras masculinas que son paternales, protegen y ayudan a su círculo cercano a encontrar el rumbo de su vida. A pesar de que no corresponde a un papel que derrocha amor, simboliza la justicia, la compasión, el avance, pero de un modo decisivo, con una personalidad dura.

En su lado oscuro, puede convertirse en un tirano que cree tener el poder sobre el Universo. Es probable que sus decisiones estén por encima de las opiniones  de los demás. Su lado independiente puede llevarlo a la soledad. Por otra parte, desde el punto de vista laboral, se puede convertir en una persona dispuesta a mandar, esperando que todos hagan por él sus labores y asuman sus compromisos.

El Sumo Sacerdote

Cuando hablamos de los arquetipos poderosos, el Sumo Sacerdote encabeza la lista. A pesar de tener un buen corazón, es una persona poderosa con gran influencia. Desarrolla una conexión entre lo espiritual y lo material. Se caracteriza por tener muchos seguidores, ya que suele ser un ejemplo a seguir. Es ese tipo de hombre que no vive de apariencias y que da más valor a lo que no todos podemos ver, la espiritualidad.

En la parte negativa de este arquetipo, encontramos un lado falso, ya que puede aparentar ser un sumiso entregado, sin anhelos por lo material, pero puede esconder sus secretos más oscuros, detrás de un vicio. También encontramos figuras que pueden ser muy dependientes y querer seguir un patrón, por pensar que se acercan a la perfección.

El Ermitaño

Es uno de los arquetipos masculinos del tarot que se asemeja a la imagen real que predomina en el mundo. Se trata de un hombre con gran sabiduría e independiente. Sus ansias por aprender lo llevan a posicionarse como una persona trabajadora, modesta y que busca su propio camino, sin seguir prototipos, ni seguir a multitudes. No suele tener un círculo muy grande de amistades, ya que solo tiene una buena relación con aquellas personas que considera leales.

No obstante, también tiene su lado negativo. Esas ganas de aprender y de querer saber lo pueden convertir en una persona con gran conocimiento para compartir, pero es posible que lo guarde todo para sí y no comparta con otras personas, lo que puede traducirse en egoísmo. Suele opinar sobre todo y no tomar en cuenta los sentimientos de otras personas.

El Colgado

Es un arquetipo con dos caras. Suele confundir la realidad con la fantasía, sobre todo porque se pierde en el mundo y sus alrededores. Con esta figura se asocian todos aquellos hombres indecisos a los que les cuesta tomar decisiones y encontrar el rumbo de su vida. Las circunstancias pueden afectarle de una manera muy brusca, de tal forma que se quede sin ánimos para luchar. No obstante, encontramos en esta categoría a hombres con ganas de ayudar, esos voluntarios que están dispuestos a brindar una mano amiga sin esperar algo a cambio.

En su parte negativa, puede llegar a ser una persona manipuladora, que usa su debilidad como excusa para evitar hacerse responsable de su vida. Es posible que haga lo posible por huir de responsabilidades y alejarse de todo compromiso. Le gusta mandar, delegar e imponer. Después de que todo el trabajo esté realizado, es él quien asume todos los aplausos, olvidándose de quien le apoyó y le echó una mano.

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